Performatividad y lo Queer

Introducción

 

Cuando pensamos en performatividad como práctica social[1], esto es, en la idea expresada por Taylor que “las performances operan como actos vitales de transferencia, al transmitir saber social, memoria, y un sentido de identidad a través de acciones reiteradas” (34), nos percatamos que este es un lente de análisis que podemos aplicar a cualquier fenómeno que nos rodea. Rituales. La forma de saludarnos entre nosotros. Danzas y coreografías. Gestos repetitivos. Todo este tipo de cosas las podemos analizar a partir del lente de los Performance Studies.

Considerando lo anterior, es que empecé a reflexionar sobre las performatividades particulares en los grupos queer[2]. Por ejemplo, el gesto de tocar con el dedo índice el dorso de la mano de otro hombre al saludarle, para así dar a entender que eras homosexual[3][4]. Y no sólo me refiero a códigos secretos o históricos, sino que en general a performatividades particulares asociadas a dicho grupo de interés.

Por ende, en el presente texto no me detendré en consideraciones tan centradas en conceptos, ya que para eso hay abundante literatura disponible, como el trabajo de Sabsay “Políticas de lo performativo: Lenguaje, teoría queer y subjetividad”. Lo que deseo hacer, dentro de este limitado espacio, es una especie de “colección” de performatividades particulares asociadas al grupo ya mencionado, en especial concentrándome en el mundo queer latinoamericano[5]. En el fondo, lo que se pretende es explorar el repertorio en dicho contexto. También haremos un corto recorrido por el escenario, otro elemento importante para los Estudios de Performance.

 

Repertorio

 

 Obviamente, el primer paso es describir este término y para ello nada mejor que la definición de Taylor:

 

 “El repertorio, por otro lado, actúa como memoria corporal: performance, gestos, oralidad, movimiento, danza, canto, y en suma, todos aquellos actos pensados generalmente como un saber efímero y no reproducible”. (56)

 

Dado lo anterior, no podemos dudar que el repertorio queer en América Latina es amplio y diverso. En ese sentido, no pretendo entregar exhaustividad, sino que más bien tomar un puñado de casos y discutirlos brevemente. De hecho, creo que no abarcaré la parte oral, ya que ella por sí sola merecería un ensayo individual. Otra limitante que me pondré es la de remitirme a entornos urbanos y no rurales, principalmente debido a que dispongo de mayor bibliografía para trabajar dichos contextos, y a que mi experiencia queer se circunscribe, en un gran porcentaje, a ambientes citadinos de nuestro continente.

 

Los casos

 

Revisando algunos foros, en particular uno panameño, encontré un comentario respecto a la práctica de exagerar los ademanes en el caso de los homosexuales latinoamericanos, exageración que al mismo tiempo es suave, “femenina”, un conjunto de ademanes reconocibles para casi cualquier persona. Detecto este tipo de prácticas en ciertos círculos y situaciones sociales pero, por otro lado, creo que se han dejado de practicar o que incluso provocan rechazo en cierta parte de la comunidad de la diversidad sexual, cosa que podría ser explicada por la arremetida misógina de un grupo de gays en nuestro continente[6][7]. Estos gestos cuestan y le han costado a muchxs compañerxs humillaciones públicas y sistemáticas, la cárcel, o incluso la vida, cosa que le da a dicha performatividad un carácter casi sagrado. Son gestos que deberían recordarnos toda la sangre que ha corrido durante la historia queer de América Latina. Por otra parte, son ademanes tan diversos y amplios que sería imposible de comentarlos individualmente, pero hay algunos que aparecen por mi mente y en los que me interesa detenerme un poco.

Quisiera partir con el ya comentado saludo gay. El contar con un código corporal de salutación particular no es un fenómeno aislado: bandas delictuales, tribus urbanas, y otros grupos sociales manejan sus propios saludos. Y, al igual que en muchos de esos casos, éste era un saludo clandestino, secreto, íntimo pese a su carácter público y social. De hecho, era forzosamente críptico, debido a que las sociedades obligaban (y muchas aún obligan) a hacerlo así. Sin embargo, se hizo conocido más allá de los círculos homosexuales, convirtiéndose en otra herramienta que servía para la elaboración de bromas homofóbicas.

Segundo, el gesto que se ha denominado como “se le cae la bandeja” en Chile y Argentina: mover la mano hacia atrás con la palma abierta. Este no sólo ha servido para la gente queer en la tarea de reconocerse una a otra, sino que además ha sido usada por los heterosexuales para referirse a nosotros o incluso burlarse, y también para aludir a un gay “afeminado”. Recuerdo que mi tía, mujer que migró desde Chile a U.S.A. y a quién he dedicado toda mi obra escritural y artística, recurrió a él cuando decidió hablar conmigo acerca de mi “problema”, cosa que no dejó de llamarme la atención. Este gesto se inscribe dentro de esa gran categoría a la que me referí al inicio de este apartado, en la que se incluyen otros cuya denominación varía a nivel nacional, y que parecieran tener en común no sólo la referencia al “afeminamiento”, sino que también el haberse transformado, en manos del mundo heterosexual, en armas de mofa contra nuestra comunidad.

 

Tercero, vale la pena también referirse al caso de muchxs compañerxs lesbianas/queer que son también objeto de mofa o desprecio debido a que algunas personas creen detectar gestos “masculinos”en ellas, cosa que no quiere decir nada. Recuero que tuve una compañera de trabajo que nos saludaba y trataba de manera muy “masculina”, no gustaba de las flores, y estaba felizmente casada y con una hija. Pese a que en este caso no he logrado encontrar gestos que podamos denominar con un término específico, sin duda ellos se han transformado en otra arma de desprecio y discriminación en contra de muchísimas aliadxs a nivel global.

 

El escenario

 

Uno de los temas que Taylor enfatiza dentro de los Performance Studies es el escenario, en especial en su rol de “paradigmas dadores de significado, que estructuran ambientes sociales, comportamientos, y potenciales resultados” (66). Además el escenario, “conlleva el peso de repeticiones acumulativas. El escenario hace visible, aunque de nuevo, lo que estaba ahí: los fantasmas, las imágenes, los estereotipos” (66). En este sentido, es irresistible referirse a la discoteca como un escenario queer por excelencia.

 

Ahora bien, en nuestro continente tenemos, por un lado, la discoteca monumental, lujosa, neónica, destinada al LGBTI con poder económico, o sea hacia una minoría socialmente privilegiada. En el extremo opuesto surge la discoteca queer “democrática”, o sea al alcance de todos los bolsillos, la cuál es mucho más interesante de analizar dadas sus características singulares. Me refiero a la cantina convertida en discoteca temporal o permanente en México o Centroamérica; a la “quinta de recreo” chilena refaccionada ligeramente para dar espacio a los homosexuales; al restorán que alberga por una noche a las lesbianas al son de una guitarra; al espacio de baile clandestino acogido por una casa abandonada en Tacna, Perú; al espacio villero en el que los chicos bailan con ropa deportiva y cadenas de plata falsa en Argentina.

 

Esta discoteca latinoamericana está cruzada por lo precario y por la creatividad de sus dueños e impulsores para apropiarse y adaptar espacios, creando un territorio no sólo de libertad sexual, sino también socio-económica. Dentro de él encontramos un abanico de estereotipos e imágenes conocido por todos: el drag, el striper, los chicos más femeninos, las chicas más masculinas, el/la enclosetadx, el/la enmascaradx, entre otros. Otro aspecto relevante es que dicho espacio marca una diferencia con el mundo anglosajón, pues en éste ha sido el bar y no la discoteca el escenario-eje del imaginario queer. 

 

Otro escenario a discutir sería el del sauna, el favorito de Foucault, aunque éste se reduce más bien al mundo meramente homosexual, por lo que no profundizaremos mucho en él. Sin embargo, debo decir que, a diferencia de lo que pensaba el filósofo francés, éste también es un lugar regido por estructuras y que contiene los elementos constituyentes de todo escenario, tal como lo establece Taylor.

 

Un escenario importante que ha surgido con fuerza en nuestro continente durante los últimos años es el de las marchas. Por un lado, y al igual que los dos anteriores, son escenarios “importados” y que hemos adaptado en base a nuestra latinidad y a nuestra precariedad. Dentro de las marchas, encontramos diversos estereotipos e imágenes: lxs chicxs glitter, el/la/lo politizadx, el/la/lo marginadx que irrumpe dentro del orden planificado de la marcha, el/la/lo dirigentxs, entre otros. Lo último sólo demuestra, de manera patente, la estructura de poder subyacente a las marchas. Otros elementos /imágenes/estereotipos a destacar son la bandera, la música “a la moda”, los carros alegóricos, el reparto de panfletos, entre otros. Muchos de estos componentes emparentan este tipo de marchas con las marchas en general, entregando a la vez cierto grado de predictibilidad del comportamiento y las performatividades de los agentes que se mueven en dicho escenario.

 

Lo discutido anteriormente me lleva a la pregunta de si tenemos en nuestro continente escenarios queer que no sean importados. Quizás, el caso de la cantina queer, como “Las Estrellas” ubicada en Ciudad de Guatemala, sea el mejor ejemplo, pese que la idea de cantina fue importada desde el oeste norteamericano vía México a fines del siglo XIX (Cantina), pero el tiempo ha hecho que cobre características particulares. Un escenario candidato a ser “nuestro” es el cibercafé, con fuerte presencia en países como Colombia[8] y Perú. El cibercafé como escenario de encuentro, como motel[9] pasajero, en especial para la parte de la población que no tiene los recursos para pagar por un motel/hotel. El cibercafé con una H en su puerta, lleno de decoraciones coloridas, con venta de preservativos, lubricantes, y cigarrillos, con música estridente a la moda e incluso, en los casos más sofisticados, con cuarto oscuro incluido. Otro podría ser el interesante surgimiento en México y otros países de los cuartos oscuros lésbicos, escenario que no sólo tiene un carácter afectivo, sino marcadamente político (Barrera).

 

Esto último nos enfrenta a la gran interrogante: ¿cuánto hemos importado en nuestras prácticas queer? ¿Por qué es tan difícil armar un repertorio queer a partir de elementos que podamos considerar como latinoamericanos/latinoamericanizados? Quizás, la respuesta tenga que ver con la intención de los conquistadores de borrar todo vestigio de repertorio original, arrasando o desacralizando muchas prácticas queer de nuestras culturas originarias (Taylor 73-75). Por otro lado, pareciera ser que la escasez de escenarios habla del nivel de discriminación de ciertos grupos dentro de nuestras sociedades. Recordemos que el mundo está [aún] hecho para heterosexuales.

 

El Repertorio Digital

 

En una era en que prevalecen las redes sociales, es inevitable que la noción de repertorio de Taylor tenga que ser ampliada. Esto, asumiendo algunas cosas:

 

- que las redes sociales son una prolongación del hábitat corporal humano, o sea un anticipo del cyborg.

- pese a la textualidad que subyace en el uso de las redes sociales, la utilización de ciertas codificaciones particulares, como los emoticons, pueden considerarse como extrapolaciones de performatividades no digitales, dado que recurren al gesto/ademán/expresión/corporalidad específica.

 

Por lo tanto, podremos discutir sobre la existencia de un repertorio digital, que podría incluir no sólo a las redes sociales, sino que además a todo tipo de adelantos tecnológicos que posibiliten la expansión o manifestación de cualquiera de los elementos que constituyen al repertorio según Taylor. Ahora bien dado esto, y considerando los límites de espacio que tenemos, voy a centrar mi atención en el caso de la aplicación Grindr, utilizada para conectar a personas queer en busca de relaciones afectivas o sexuales. En ella, se detecta una apropiación de los emoticones para un uso cifrado por parte de los usuarios. Por ejemplo, el uso de frutas y verduras para aludir a los roles sexuales (activo – pasivo - versátil). O el diamante, que hace referencia al consumo del crystal meth, cosa que llevaría a que la aplicación eliminara este signo. (“Guía para entender algunos nicks de Grindr”) Esto, por nombrar sólo algunos de los códigos utilizados. En este sentido, sería muy interesante si pudiéramos analizar qué signos de dicho repertorio digital la comunidad queer latinoamericana se ha apropiado y recontextualizado.

Otro tema interesante al respecto es el del avatar, o sea la creación de una nueva identidad que a la vez es extensión de la identidad creadora, tal como lo afirma Radrigán:

 

“En cibercultura, el avatar obedece a una imagen o una personalidad que surge por elección de un usuario. Es completamente cambiable o intercambiable, absolutamente efímera. Puede tener que ver o no con la identidad terrenal-orgánica del sujeto, por lo que está llena de complejidad ficcional y virtual”. (147)

 

Muchas veces el avatar refleja las aspiraciones y orientaciones de los usuarios. Hay avatares que claramente apuntan al contacto con otros individuos pertenecientes a cierta clase social o cierta etnia. Por ejemplo, hay toda una tendencia en Chile a la búsqueda de contacto con otros individuos que reflejen códigos propios de la clase media emergente, y que no reflejen los de las clases más desfavorecidas de la población, como la ropa deportiva, la joyería bling bling, o ciertos signos lingüísticos. En Guatemala, hay avatares que explícitamente declaran su deseo de no tener contacto con chicos de etnias mayas. Así, vía Grindr, se multiplica el racismo y el clasismo.

 

A partir de lo anterior, advertimos que esta ampliación del repertorio puede llevar a la necesidad de estudiar otras constituciones de escenarios, amplificando el objeto de estudio de los Performances Studies. Sin embargo, estamos explorando la punta del iceberg. No sólo porque podemos expandir este análisis desde el territorio Grindr hasta otros espacios digitales, como Facebook, sino que también por las implicancias que tendrán el desarrollo de nuevas tecnologías para los intereses de los Estudios de Performance.

 

 

Reflexiones Finales

 

La comunidad queer siempre ha tenido herramientas para reconocerse, y de esta manera poder sobrevivir. Algunas de ellas han salido a la luz a partir del análisis del repertorio, incluyendo el escenario. Dentro de ello, llama la atención cómo diversos componentes del repertorio queer se transformaron en elementos a los que el mundo heterosexual ha recurrido para hacer burla de nosotrxs. Aparte, la falta de escenarios “auténticamente” latinoamericanos habla de la urgencia de recuperar el repertorio queer originario de nuestro continente.

 

Por otra parte, en escritos futuros pretendo explorar más la idea de expandir la definición de repertorio de Taylor a partir de la idea presentada en este paper. Además, y tal como se dijo, es imperioso analizar el tema en otras redes sociales y en otras tecnologías relevantes. Sin embargo, todas estas redes sociales se han generado en esferas externas a América Latina, y por lo tanto contienen importaciones. ¿Que pasaría si se creara una aplicación o red social queer latinoamericana? Quizás, lo más cercano que tuvimos a ello fueron Fotolog y hi5, que si bien no tuvieron un gran impacto global, contaron con una mayoría de usuarios provenientes de nuestro territorio cultural. Y aunque su uso no era restringido a los grupos queer, sí fueron utilizados por algunos usuarios como medios para establecer relaciones afectivas y sexuales con otros dentro de la misma esfera. Por lo tanto, los desafíos de estudiar este tema no sólo implican una exploración retroactiva, sino que también una que observe hacia dónde se establecerán las dinámicas sociales futuras de nuestra comunidad.

 

Bibliografía

           

Arenas-Carter, Rodrigo. La Vital Precariedad. Poesía y Performance en América Latina y Chile. Madrid: Editorial Académica Española, 2018.

 

Barrera, Ámbar. “Un cuarto oscuro para mujeres lesbianas”. Lado B, 6 Jun 2014, https://ladobe.com.mx/2014/06/un-cuarto-oscuro-para-mujeres-lesbianas/.  Consultado 5 May 2018.

 

“Cantina”. Online Etymology Dictionary, www.etymonline.com/word/cantina. Consultado 25 Abr 2018.

 

Krónica. “El Código de Señales Gays”. Foros, Latinol.com,  http://foros.latinol.com/pa/viewtopic.php?f=14&t=5411. Consultado 25 Abr 2018.

 

Maldonado, Verónica. “El lenguaje secreto de los gays en los 70”. i-D, 9 Nov 2015, https://i-d.vice.com/es/article/pabx7n/fotografia-gay-semiotics. Consultado 24 Abr 2018.

 

Radrigán, Valeria. Corpus Frontera: Antología Crítica de Arte y Cibercultura (2008-2011). Santiago de Chile: Mago Editores, 2011.

 

Sabsay, L. "Políticas de lo performativo: Lenguaje, teoría queer y subjetividad." III Jornadas de Jóvenes investigadores. Instituto Gino Germani (2005).

 

Sanz, Trilce. “Guía para entender algunos nicks de Grindr”. El Sextante, 9 Nov 2017, http://consejos-sexo.atresmedia.com/guia-para-entender-algunos-nicks-de-grindr/. Consultado 20 Abr 2018.

 

Taylor, Diana. El archivo y el Repertorio: La Memoria Cultural Performática en las Américas. Santiago de Chile: Ediciones Universidad Alberto Hurtado, 2015.

 

[1]     Distinguiéndolo de la performance como formato de creación de artes visuales, para ello véase mi libro “La Vital Precariedad”.

[2]     Prefiero decir esto que “comunidad queer”, ya que no creo que podamos hablar de ello sin considerar las diversidad de posturas que lo queer abarca.

[3]     Gesto que me fue presentado en mi adolescencia por mis compañeros de curso que no dudaban en usarlo como herramienta de mofa homofóbica.

[4]     Hay otras versiones de este gesto más elaboradas, pero sólo encontré registro de éste en el mundo anglosajón.

[5]     Reitero, una vez más, que mi concepción de Latinoamérica no es geográfica, sino cultural: América Latina no empieza/termina en el Rio Grande.

[6]     Arremetida que se condice con la apreciación del cuerpo musculado, velludo, “hipterizado”, barbudo, lleno de testosterona pero abierto a tener sexo con otros cuerpos masculinos igual de “hipterizados”.

[7]     Fenómeno denominado vulgarmente como “Plumofobia”.

[8]     Donde se les conoce como “videos”.

[9]     Que a su vez es otro escenario importado.

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