Hurgar la historia: encontrar la contradicción (I)

Por Numa Dávila

Hablar de ejercicios de memoria en un país con una historia política como la de Guatemala, tiene muchas implicaciones y complejidades. Por una parte, se puede pensar desde la versión oficial –y dominantemente ladina- que en el sentido común se concibe desde el aburrimiento de algo pasado que debe quedarse ahí, en el pasado.

Por otra,  desde la versión de los “vencidos” que persiguen la justicia en la narración de sus historias. Otras veces, en las condiciones estructurales de un país con desnutrición crónica, pobreza extrema, racismo estructural, violencia y analfabetismo, simplemente no reparamos en ella.  

Para el caso de las investigaciones guatemaltecas en géneros, cuerpos y sexualidades, la reconstrucción de la historia y la visibilidad de personajes que han abierto brecha desde una óptica local es aún un pendiente, al cual pretende sumar aportes que contrarresten o equilibren el intercambio entre conocimientos- saberes locales y agendas políticas internacionales, que muchas veces, al presentarse tan innovadoras y poco contextualizadas, reproducen las lógicas de despojo, en este caso, de nuestras propias historias, de nuestro pasado. 

Fue desde esta óptica que resolví la cuestión sobre ¿qué problema plantear para mi investigación de curso de Etnohistoria de Mesoamérica? ¿Qué historias quería indagar? ¿Desde qué lugar me vínculo con eso que deseo indagar?

Un domingo conversando con mi mamá mientras almorzábamos, hablábamos del ser machorra y trans-masculino en Guatemala, y de cómo hacían las machorras y hombres trans de antes para enfrentarse a los prejuicios de la sociedad guatemalteca urbana del siglo XX. Fue en esa conversación que salió a la luz de los labios de mi mamá el nombre de María Julia Quiñonez Ydigoras, o comúnmente llamada en los barrios de la ciudad de Guatemala “La Maciste”, un personaje en la escena política de la primera mitad del siglo XX en Guatemala, cuya expresión de género es definida como masculina y quien tuvo acceso al poder político durante el gobierno del recordado dictador Jorge Ubico y posteriormente dentro del gobierno de Miguel Ydigoras Fuentes.

El caso de María Julia Quiñonez Ydigoras, es uno que entre contradicciones y multidimensionalidades, encierra una compleja interseccionalidad entre opresión sexual y poder político al representar un personaje protagónico que, en el seno de una sociedad guatemalteca ultraconservadora de la primera mitad del siglo XX, desafió las normas de expresión de género y la sexualidad heterosexual.

“Cepillar la historia a contrapelo” fue una imagen poética encontrada en la obra de Walter Benjamín, y fue desde ahí que este elemento poético-conceptual se convirtió entonces en el objetivo pero también en el hilo conductor que me llevó por un sendero lleno de preguntas y contradicciones. Las primeras en relación a la aplicación de esta categoría al ejercicio que intentaba hacer con La Maciste, porque este concepto

“Se trata de ir a contracorriente de la versión oficial de la historia, oponiéndole la tradición de los oprimidos. Donde este punto de vista, la continuidad histórica de las clases dominantes se percibe como un único y enorme cortejo triunfal, ocasionalmente interrumpido por los levantamientos de las clases subalternas”(Lowy, 2002).

Y como la realidad sobrepasa la teoría, la aplicación de esta categoría –que emerge en el seno de la lucha de clases- al caso de Julia Quiñonez resulta complejo pues por un lado formó parte del sector de los oprimidos dentro del sistema heterosexual, mientras que por otro, perteneció a la clase dominante con poder político en el país.

Cepillar la historia a contrapelo

Sin embargo, no podía quedarme estacionada en cuestiones meramente teóricas sin pasar mis manos sobre el pelo de esta historia, así que comencé la búsqueda. De las fuentes digitales que pude encontrar en Internet es importante mencionar el ensayo “Ubico y las Mujeres” de Arnoldo Gálvez Suarez y la publicación “La Mater Dolorosa/La Maciste en el País de las Maravillas” de Juan Carlos Lemus, entre otras fuentes más de tipo meramente biográfico.

De los primeros hallazgos que encontré fue la relación estrecha que tuvo con Jorge Ubico y que es interesante, porque parte de una actitud rebelde y poco temerosa de ella en su adolescencia. Según las fuentes, su abuelo puso una queja contra ella frente la autoridad departamental de Retalhuleu –departamento de donde es originaria- y a su corta edad tuvo que enfrentarse al en ese entonces Coronel Jorge Úbico, sin embargo “No se inmutó: al Coronel Ubico le cayó en gracia la franqueza y desparpajo de la niña al hablarle y resolvió el caso en contra del querellante. Desde ese momento fue su partidaria incondicional”. (Diccionario General de Guatemala, Tomo III)

El trabajo que hizo al lado de Ubico se concreta a: ser parte de sus dos campañas presidenciales antes de llegar a la presidencia y posteriormente ser la Jefa de compras y suministros del Estado, entre otros cargos de la administración pública. Asimismo, se dice que la Maciste le "conseguía" mujeres a Ubico, aunque esa información no se ha podido comprobar.

Fotografía: Diccionario Biográfico de Guatemala. 

De la misma manera, otra cuestión importante tiene que ver con el tratamiento que se le dio a su cuerpo y aspecto físico desde la opinión pública. Su gran altura y corporalidad poco común para el contexto guatemalteco, generó tanta curiosidad que le apodaron la Maciste, como un personaje de una película italiana de dicha época. Incluso la revista estadounidense TIME le hizo un reportaje bajo esa óptica. 


A pesar de lo anterior, la Maciste quedó retratada en la historia de Guatemala por ser la primer mujer en ser Ministra de Educación en el país, en 1959 durante el gobierno de su primo Miguel Ydigoras Fuentes. Este dato me dio una ruta de búsqueda: el archivo del Ministerio de Educación. Me acerqué, y lo único que pude encontrar fue un acta con los períodos de cada persona que estuvo en el cargo. Para mi sorpresa, al ver las fechas, Quiñonez solo tuvo el cargo 4 días, del 31 de enero al 4 de febrero de 1959. Esto se conectó con algo que había leído en una fuente digital, sobre que el movimiento estudiantil y magisterial se opuso a que asumiera el cargo por su aspecto masculino.

Fotografía: google

Con las fechas vistas, fui a sumergirme en los periódicos de 1959 en la Hemeroteca Nacional y llegué al mero centro del hormiguero: todo –o una gran gran parte- del sector estudiantil y magisterial urbano guatemalteco se pronunció en contra de que la Maciste asumiera el cargo, y con protestas y manifestaciones escritas en los periódicos de la época ejercieron presión al gobierno de Ydigoras para que se retractara de tal decisión. El fundamento básico de todos los pronunciamientos recaía en que “es indispensable reunir altas cualidades morales e intelectuales, de las cuales carece la señora Julia Quiñonez Ydigoras”. (Diario El imparcial, 1959)

En este sentido hay que mencionar quizá de los detalles más interesantes y complejos de la Maciste: su gran nacionalismo y su ideología fuertemente anticomunista.  Incluso al momento de presentar su renuncia, apeló a que el rechazo a su cargo como Ministra tenía que ver con estrategias de desestabilización del comunismo internacional.

Otros de los matices que encontré en la búsqueda fue una cuestión no resuelta sobre la supuesta autoría de la marcha fúnebre Mater Dolorosa, pues hasta hoy en día hay una disputa sobre si ella se apropió de dicha marcha creada por otro autor.

Fotografías: Archivo Ministerio de Educación, Diario El Imparcial. 

Ir a la raíces: narrativas y contradicciones

Al tener la oportunidad de acercarme a diversas fuentes primarias, pude encontrar rajaduras e inconsistencias en la narrativa que se hace de la Maciste. Por ejemplo, en el Diccionario Histórico Biográfico de Guatemala se presenta como que cumplió el período como Ministra de 1959 hasta 1963, incluso cuando ella falleció en el año 1962. Esto lo que me hace pensar es en la fragilidad del material con el que construimos la historia y las representaciones, y también en las inconsistencias que desconocemos de cómo se ha construido la historia oficial.

Finalmente, la Maciste murió el 13 de noviembre de 1962, de una enfermedad de cáncer. De su vida privada hay que decir que estuvo casada, tuvo un hijo Boris Arévalo, y posteriormente se divorció. En el imaginario de algunas personas nacidas en la primera mitad del siglo XX con las que pude hablar, la Maciste es recordada por ser lesbiana, vestirse como hombre, asistir a eventos sociales acompañada de su pareja mujer e incluso, especular que se vendaba los pechos.

Tras muchas vueltas en la problematización desde la cual quería indagar la historia de La Maciste pasé por cuestionarme si ella podría ser un primer ancestro transgénero, lésbico, machorro desde mi historia ladino-mestiza, lo cual me complejiza al cuestionarme si es posible aplicar categorías modernas como transexualidad a la experiencia de lo que la Maciste pudo vivir, o del retrato que yo quería reconstruir de ella. 

Dejando esta duda precipitada en el aire para posteriores indagaciones, decidí empezar por la idea base que me movía con potencia y emoción durante todo el curso de etnohistoria, el poder de hurgar en lugares fuera de la historia oficial y conocer y procurar otras narrativas desde las historias personales y a la vez políticas de sujetos subalternos o desposeídos de poder de enunciación en la historia oficial de Guatemala.

María Julia Quiñonez Ydigoras, desde sus complejidades y contradicciones, para mí, evidencia que rastrear a nuestras ancestras implica enfrentarnos a una serie de ideologías y contradicciones que, muchas veces nos disgustaran, pero que es parte de este ejercicio de memoria, de saber de dónde venimos, pero también, de apreciar los matices de las experiencias multidimensionales de las personas que conformamos la(s) sociedad(es) guatemalteca(s) en diferentes períodos de la historia.  

Fotografía: google

Fotografía: Diario La Hora, noviembre 1962.

Bibliografía
 

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